Embarazo y Parto en Animales Domésticos: Qué Observar y Cuándo Llamar al Veterinario

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La llegada de nuevas vidas a nuestro hogar es, sin duda, uno de los momentos más emocionantes y llenos de expectativa para cualquier propietario de mascotas. Sin embargo, detrás de esta alegría inherente, subyace una importante responsabilidad. El embarazo y el parto, aunque procesos naturales y maravillosamente intrincados, no están exentos de desafíos y pueden presentar complicaciones. Por ello, estar plenamente informado, ser capaz de reconocer las señales clave y, crucialmente, saber cuándo la intervención profesional es indispensable, se convierte en un pilar fundamental para asegurar el bienestar y la seguridad tanto de la madre como de sus recién nacidas crías.

Esta guía ha sido diseñada para ofrecer una mirada profunda y práctica sobre los aspectos esenciales que todo propietario debe observar, abarcando desde las primeras etapas de la gestación hasta el delicado período posparto, y delineando con claridad aquellas situaciones críticas que demandan la atención inmediata de un profesional veterinario.

 

La Gestación: Un Período de Cuidado y Preparación

El embarazo en nuestros compañeros animales es un proceso de transformación que exige una atención particular y adaptada. La duración de este período puede variar significativamente entre especies: en el caso de las perras, la gestación se extiende aproximadamente entre 58 y 68 días, con una media de 63 días; en las gatas, oscila alrededor de los 63 a 65 días; mientras que, para conejas y cobayas, los plazos son de unos 30-32 días y 63-70 días, respectivamente.

Durante este tiempo, la observación activa del propietario es primordial. Si sospecha que su mascota está preñada, la primera acción ineludible es una visita al veterinario. Este profesional podrá confirmar la gestación mediante diversas técnicas como la palpación abdominal (viable a partir de las 3-4 semanas), una ecografía (desde las 3 semanas para verificar la viabilidad fetal y detectar latidos), o radiografías (especialmente útiles a partir de los 45-50 días para determinar el número exacto de fetos, lo que será de gran ayuda durante el parto).

La nutrición de la madre gestante es un pilar fundamental. Sus requerimientos calóricos y nutritivos se incrementan notablemente, sobre todo en el último tercio de la gestación. Es imperativo proporcionarle una dieta de alta calidad, formulada específicamente para cachorros o gatitos, ya que esta contiene el balance de nutrientes necesario para el correcto desarrollo de los fetos y para mantener la salud óptima de la madre. Sin embargo, es igualmente importante evitar la sobrealimentación, ya que la obesidad puede convertirse en un factor de riesgo que complique el parto. El ejercicio moderado y regular debe mantenerse, evitando actividades extenuantes o bruscas que puedan generar estrés o lesiones.

Las visitas de seguimiento al veterinario son altamente recomendables, y una radiografía en la fase final de la gestación puede ser invaluable para conocer el número exacto de crías que se esperan, facilitando así el seguimiento del proceso de nacimiento. Asimismo, anticipándose al gran día, se debe preparar un «nido» o paridera: un espacio tranquilo, cálido, limpio y seguro. Una caja de parto adecuada, con los lados lo suficientemente altos para contener a las crías pero permitiendo que la madre entre y salga cómodamente, y forrada con toallas limpias, es ideal. Un ambiente tranquilo y libre de estrés es crucial para la futura madre.

 

El Pre-parto: Señales que Anuncian la Llegada

A medida que la fecha estimada del parto se acerca, la madre comenzará a manifestar señales que indican la inminencia del evento. Estos cambios conductuales y físicos son su manera de prepararse. Puede volverse notablemente más inquieta, mostrar un instinto de anidación buscando activamente un lugar apartado y oscuro, o, por el contrario, mostrarse inusualmente más apegada a su propietario.

Un signo común es la anorexia, por la cual la hembra puede dejar de comer entre 12 y 24 horas antes del parto. Algunas incluso pueden presentar vómitos de alimento o bilis. En perras, un indicador muy fiable es el descenso de la temperatura corporal: una caída de 1.5 a 2 grados Fahrenheit (aproximadamente de 37°C a 36°C o menos) en la temperatura rectal, que ocurre entre 12 y 24 horas antes del parto. Es recomendable tomarle la temperatura dos veces al día en la última semana para detectar este cambio. También puede observarse una pequeña descarga vaginal de moco claro o ligeramente sanguinolento, y los músculos alrededor de la base de la cola pueden parecer más blandos y relajados debido a la relajación de los ligamentos pélvicos.

 

Las Etapas del Parto: El Gran Evento del Nacimiento

El proceso de parto se divide en tres etapas bien definidas, y familiarizarse con ellas es esencial para determinar si el avance es normal.

La Etapa 1, o de Dilatación, puede durar entre 6 y 12 horas, extendiéndose hasta 24 horas en hembras primíparas. En esta fase, las contracciones uterinas son internas y aún no visibles. La madre puede jadear, temblar, excavar, estar inquieta, salivar excesivamente o incluso vomitar. El cuello uterino comienza a dilatarse. Si esta etapa se prolonga por más de 12-24 horas sin signos de progresión a la Etapa 2, es momento de contactar al veterinario.

La Etapa 2 es la de Expulsión de las Crías. Aquí, las contracciones abdominales se hacen fuertes y visibles. La madre realizará esfuerzos y puede gemir. En perras, el primer cachorro suele nacer entre 10 minutos y 1 hora después del inicio de estas contracciones intensas. Cada cría nace envuelta en una bolsa amniótica. La madre, instintivamente, romperá esta bolsa, lamerá vigorosamente a la cría para estimular la respiración y cortará el cordón umbilical. Si no lo hace, el propietario puede intervenir suavemente: rompa la bolsa, limpie la boca y nariz de la cría, frótela enérgicamente con una toalla limpia y corte el cordón a unos 2-3 cm del abdomen, anudándolo con hilo dental si sangra. El tiempo entre el nacimiento de cada cría puede variar desde unos pocos minutos hasta 1-2 horas, siendo normal que la madre descanse entre nacimientos.

Finalmente, la Etapa 3 es la Expulsión de la Placenta. Después de cada nacimiento, la placenta correspondiente debe ser expulsada. Es común que la madre ingiera la placenta. Es crucial intentar contar las placentas para asegurarse de que todas han sido expulsadas, ya que la retención de placentas puede derivar en infecciones graves. Si no se expulsa una placenta por cada cría, o si la madre continúa con esfuerzos de parto una vez que todas las crías han nacido, se debe buscar asesoramiento veterinario.

 

¡Fundamental! Reconociendo las Complicaciones: ¿Cuándo Llamar al Veterinario?

Saber cuándo es imperativa la búsqueda de ayuda profesional es la sección más crítica de esta guía. Ante cualquiera de las siguientes situaciones, no debe dudar en contactar a su veterinario de inmediato.

Antes del inicio del parto, si la gestación se prolonga más allá de la fecha esperada (más de 68 días en perras, 67 en gatas) y no hay signos de parto, es una señal de alarma. De igual manera, si la temperatura de la perra ha caído por debajo de 37°C y se mantiene así por más de 24 horas sin que se inicien las contracciones o la Etapa 2 del parto, requiere atención. La aparición de una pérdida de líquido vaginal maloliente o de un color anormal (verde oscuro o negro) antes del nacimiento de la primera cría puede indicar sufrimiento fetal o un desprendimiento prematuro de la placenta, una emergencia. Asimismo, si la madre parece enferma, con letargo, debilidad extrema, fiebre, vómitos persistentes o diarrea, debe ser evaluada.

Durante la Etapa 1 del parto, si observa contracciones débiles o esporádicas que se prolongan por más de 12 horas sin progresión a la Etapa 2, o si la madre muestra signos de dolor intenso o angustia sin que el proceso avance, es una señal de que algo podría no ir bien.

La Etapa 2 del parto es donde las emergencias pueden escalar rápidamente. Si la madre presenta contracciones fuertes y visibles por más de 30-60 minutos sin que nazca una cría, o si las contracciones son débiles o intermitentes por más de 2-3 horas sin que haya nacimientos, es una situación crítica. Del mismo modo, un intervalo de más de 2-3 horas entre el nacimiento de las crías, especialmente si se sabe que aún quedan más, es preocupante. Si una cría es visible en el canal del parto pero no puede ser expulsada después de 10-15 minutos de esfuerzo, no intente tirar de ella a menos que su cirujano veterinario se lo indique explícitamente y le dé instrucciones precisas. Una hemorragia vaginal excesiva (más que unas pocas gotas, que son normales) o si la madre colapsa, experimenta convulsiones o presenta temblores severos, son emergencias absolutas. Una descarga vaginal abundante de color verde oscuro, negra, o con olor fétido después del nacimiento de una cría, o antes de que todas las crías hayan nacido, sugiere una placenta desprendida o infección.

Incluso después de que todas las crías han nacido, la vigilancia debe continuar. La retención de placentas (si no ha habido una por cada cría) conlleva un riesgo significativo de infección. Una descarga vaginal excesiva, maloliente o persistente varios días después del parto, o si la madre muestra signos de enfermedad (letargo, fiebre, falta de apetito), requiere atención. Los signos de eclampsia (temblores musculares, inquietud, debilidad, desorientación, convulsiones) son una emergencia por deficiencia de calcio. La mastitis, manifestada por glándulas mamarias duras, calientes, dolorosas, enrojecidas o con secreción anormal de leche, también necesita ser tratada. Finalmente, si las crías están débiles o frías, no maman, lloran constantemente o no ganan peso, es un indicativo de problemas.

En cualquiera de estas situaciones, la vida de la madre y/o sus crías puede estar en peligro. No intente soluciones caseras. Contacte inmediatamente a su cirujano veterinario de confianza o a un hospital veterinario 24 horas. Ellos son los únicos profesionales capacitados para diagnosticar y tratar estas complicaciones, que a menudo requieren medicación, fluidoterapia o incluso una cesárea de emergencia.

 

Cuidado Postparto: Recuperación y Bienestar Continuo

Una vez que el parto ha concluido y el hogar se llena con los sonidos de las nuevas vidas, el cuidado vigilante no cesa; de hecho, se vuelve aún más crucial.

Para la madre, es esencial asegurar un ambiente tranquilo y cálido donde pueda recuperarse y cuidar a sus crías sin interrupciones. Debe tener acceso constante a agua fresca y abundante, y se le debe ofrecer comida de alta calidad, preferiblemente la misma dieta para cachorros o gatitos que consumió durante la gestación, ya que sus necesidades energéticas son excepcionalmente altas durante la lactancia. Es fundamental observar su comportamiento general, su apetito, la producción de leche y las características de cualquier descarga vaginal que pueda persistir. Además, una visita de seguimiento al veterinario unos días después del parto es altamente recomendable para un chequeo completo de la madre y las crías.

En cuanto a las crías, la atención se centra en asegurar que todas mamen bien y regularmente. La leche materna no solo proporciona los nutrientes esenciales para su crecimiento, sino que también es vital para su inmunidad inicial. Es imperativo mantener a las crías calientes, ya que los recién nacidos son incapaces de regular su propia temperatura corporal. Se debe observar atentamente si están activas y si están ganando peso diariamente, lo cual es un indicador clave de su salud y buen desarrollo. Esté atento a cualquier signo de enfermedad, como letargo, debilidad, llanto excesivo, diarrea o falta de apetito, y consulte al veterinario si surge alguna de estas preocupaciones.

 

Conclusión

El embarazo y el parto en nuestros animales domésticos son, sin lugar a dudas, experiencias maravillosas que enriquecen profundamente la vida familiar. Sin embargo, para que estas experiencias sean verdaderamente exitosas, requieren una preparación meticulosa y una vigilancia constante por parte del propietario. Estar plenamente informado sobre los signos que indican un proceso normal y, lo que es aún más importante, ser capaz de reconocer las señales de alarma, es la mejor estrategia para salvaguardar la salud y el bienestar de su querida mascota y de sus nuevas crías. Nunca debe dudar en consultar a su veterinario ante la más mínima duda o preocupación. Su acción rápida y decisiva puede ser el factor determinante entre un parto exitoso y el desarrollo de una emergencia potencialmente fatal, asegurando así un comienzo de vida saludable para los recién nacidos y una recuperación óptima para la madre.

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